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¿Empresas felices?

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Y de repente, como caído desde un profundo barranco, aparezco en las 06:00 h de la mañana, mi despertador me esta indicando que mi descanso reparador ha llegado a su fin. Otra vez a desperezarme, a estira los brazos buscando el techo de la habitación, mi espejo me esta esperando para darme la primera patada del día,…¡¡coño, que mala cara tienes!!, …Bueno, siempre me quedará el silencio de mi “trono real”. ¡A la ducha sin cantar!, me afeito e intento sorprenderme con mi disfraz de “hombre feliz”, ¡no hay nada como un buen disfraz!.

…Soy un afortunado, tengo trabajo, ¿qué más puedo pedir con la que está cayendo ahí afuera?. Camino al metro, colgado de mis auriculares, deslizando entre mis tímpanos las noticias de la mañana entrelazadas con  la lectura de la última novela que estoy devorando; una estación, otra, el mismo sonido de todos los días, ¿qué más puedo pedir, si soy un afortunado con trabajo?.

08:30 h de la mañana, mi mesa me está esperando, mis compañeros resuelven sus dudas acerca de lo que ocurrió ayer en su serie preferida, el murmullo de sus comentarios se entrecruza con los primeros mails desesperados que encuentro en mi bandeja de entrada. Definitivamente el mundo debe estar apunto de explotar, solo tengo peticiones de extrema urgencia y dolor, urgente, urgente, urgente…¿de qué me puedo quejar, soy un afortunado, tengo trabajo?. Contestar con premura para que el mundo siga funcionando es mi primer objetivo, después de este primer envite posiblemente todo este empezando a ir mejor. No puedo olvidarme que soy un afortunado, que además trabaja en una “empresa feliz”.

Sí, es cierto, trabajo en una “empresa feliz”. El área de trabajo donde dedicamos una gran parte de nuestra vida ha sido diseñada bajo el influjo del feng shui, minimalista, con aires nórdicos, con colores claros y bellos mensajes. Una zona para el relax, donde   los sillones con auto masaje me incitan al maravilloso encuentro con Morfeo. No me olvido del futbolín, la mesa de billar, la zona de dardos, el tobogán para aparecer de nuevo en la zona de trabajo con una sonrisa agradecida al estupendo homenaje a nuestra infancia que nos dedicamos cada vez que decidimos retornar a nuestro puesto de trabajo a través de semejante transporte, un gimnasio, la guardería para los que son padres y madres ubiquen a sus pequeños cachorros…Y además, ¡¡el café es gratis, y acompañado por la eterna sonrisa de George Clooney!.

La mañana se me esta pasando de reunión en reunión, contestando a llamadas de teléfono de nuestros clientes, ¡nuestros verdaderos héroes!. Empiezo a sentir que un descanso para reestablecer fuerzas me vendrá bien, nuestro pequeño restaurante nos ofrece comida saludable basada en las instrucciones de un equipo de nutricionistas que nos están ayudando a saber comer bien, y es cierto que mi delicado estomago se lo está agradeciendo…Es en nuestras paradas cuando dedicamos el tiempo entre los compañer@s a hablar un poco de todo, ¿como va la mañana?, ¿qué dificultades nos hemos encontrado?, somos capaces de poner pegas a nuestro trabajo, a cuestionar las decisiones que nuestros jefes han tomado sin compartirlas con nosotros, olvidando que seremos los ejecutores de esas decisiones, a criticar a algún que otro compañero olvidándonos donde debe acabar nuestro afán fustigador, que simplemente es  donde se inicia la nariz del otro, a expresar nuestro descontento ante el nuevo calendario laboral y lo mal que nos viene que la flexibilidad laboral tenga un margen tan ancho. Últimamente estamos demasiado en la queja, olvidándonos de todo lo que hemos conseguido, y que para muchos ha pasado a  ser un derecho.

Vuelvo a mi puesto de trabajo con la sensación agridulce de ser un afortunado, tengo trabajo, estoy en una “empresa feliz”, y sin embargo siento que tanto los que trabajan, como los que no cumplen, recogen las mismas ventajas,…en la mayoría de los casos  los que menos laboran son los que más utilizan las ventajas, y aquellos que más rinden y sacan la empresa adelante contemplan el espectáculo.

Hoy he decidido salir del trabajo sobre las 15:30 h, nuestra flexibilidad laboral nos lo permite, me siento disgustado con el entorno en el día de hoy, prefiero poner distancia al lugar de trabajo, advierto que el escenario donde representamos cada día nuestra función no esta siendo acompañado por los actores que representamos  nuestro quehacer. Puede ser que este empezando el momento de buscar una nueva empresa feliz, donde la resignación por tener un trabajo y en una “empresa feliz” se pueda convertir en un verdadero estimulo…

Creo que mi empresa ha dado mucho valor a la puesta en escena, y se que esto está muy bien, pero habita en el olvido de las emociones que la forman. La avaricia, la competencia insana hace que al final la cultura corporativa sea destructiva, quizás el miedo a abandonar lo logrado puede ser la gota inicial, ¡qué curioso!, otra emoción sin gestionar, ¡el miedo!…Sí, quizás sea el momento de buscar un nuevo entorno laboral, donde la cultura corporativa sea más sana, más conversadora,  donde el calificativo de “feliz” se trabaje más desde la construcción de pilares fundamentales y quizás menos desde el marketing al entorno.

Una empresa donde los puntales fundamentales para la construcción de su felicidad puedan ser:

Cimentar líderes humildes, sinceros e inspiradores.

  • Inteligencia emocional para gestionar el entusiasmo.
  • Sus proveedores, sus clientes, sus accionistas, sus empleados, los mejores publicistas de la propia empresa.
  • Responsabilidad y talante para la sociedad en la que vivimos.
  • El equilibrio adecuado en el reparto de los Beneficios para todos los que contribuyen en la trayectoria de la empresa.

 

Llega la noche, comprendo que estoy en el foco del observador, busco que me quieren decir todas mis reflexiones, y no quiero abundar en el conformismo de lo afortunado que soy teniendo trabajo. Algo me dice que tengo que seguir moviéndome, que el entorno donde ocupo una gran parte de mi tiempo diariamente es muy importante, pero tengo que perseguir ese lugar donde la unión del entorno y sus valores me entusiasmen.

He quedado a cenar con mis amigos, un buen vino y un rato de conversación me favorecerá a que las 6:00h de mañana den con mi trasero delante de mi espejo con una nueva cara repleta de asombro.

“La felicidad es algo que se curra uno, al margen de la empresa feliz en la que estés” (Eva Muñoz Molina)

 

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